Céline Álvarez: “La escuela frena el desarrollo de los niños”

Céline Álvarez: "La escuela frena el desarrollo de los niños"

Céline Álvarez es lingüista y autora de “La revolución de la educación en la escuela y en la casa”.

Dice que debemos ser ambiciosos con la educación de los niños. ¿No lo somos?

Creo que, a pesar de todo el amor y la pasión que mostramos por la educación de nuestros hijos, subestimamos su potencial. Estamos frenando su desarrollo. El niño, durante sus tres primeros años de vida, aprende a ponerse de pie, a andar, a correr y a hablar, sin ningún maestro o manual. Pero, cuando llega al parvulario, le decimos: “Tengo un programa perfecto, te voy enseñar durante tres años las letras del alfabeto y a contar hasta 30”. ¿Únicamente eso, después de todo lo que ha aprendido solo? Es un insulto al poder de aprendizaje y a la inteligencia.

¿Entonces, la escuela no está a su altura?

Si nuestros hijos se aburren o fracasan en el cole, no creo que sea porque las cosas son muy complicadas, sino porque son indignas de su potencial. Cada persona que vive cerca de un niño, profesor, padre o abuelo, se da cuenta de que no hay que empujarlo para que explore, porque está programado para ello. Nosotros les frenamos. Y este es el problema: los niños se cansan de esto y se resignan.

¿Por qué la escuela olvida esas “leyes naturales”?

Es normal que estemos en este punto: antes no teníamos información. La educación era un tema bastante dogmático, basado en ideas, tradiciones y valores. Ahora, por fin, tenemos datos científicos y una base sobre la cual pensar la educación.

¿Y es posible implantar estas “leyes” en la escuela de hoy?

Podemos hacerlo. Por eso no solo he escrito este libro, sino que he puesto en Internet toda la información práctica, todo lo que he hecho con los niños estos años. En Francia ha supuesto un cambio que se ha convertido en viral. Hay mucha gente interesada. Hasta yo estoy sorprendida.

¿Cuáles son los elementos de esta nueva filosofía educativa?

Se trata de dejar que los niños aprendan de manera autónoma y de comprender que esto no es nada caótico, sino que, con el tiempo, veremos que pueden ir mucho más allá de lo que pensamos. Pero no se trata de un método, sino de la forma de aprender del niño. Son grandes principios que pertenecen al ser humano.

Vivimos en una sociedad muy competitiva. ¿Es compatible con la empatía y la cooperación que usted propugna?

Creo que esta sociedad competitiva va a desaparecer. La gente, así, no vive, sobrevive. Educarse en la solidaridad y la empatía, la generosidad, la flexibilidad mental, la autoconfianza… proporciona armas potentes para sentirse bien, para impulsar algo nuevo. La competición no puede funcionar, no es eficiente.

¿Por qué?

Perdemos mucha energía en ello y el resultado no es bueno.

¿Cuándo debe introducirse la tecnología en la escuela? Según usted, puede causar falta de atención e inquietud.

Todo es cuestión de medida y depende de los niños. Hoy ya tenemos estudios sobre el efecto de las pantallas. En Bélgica, por ejemplo, han puesto en marcha un marco de uso: de cero a tres años, ninguna pantalla; después, 20 minutos, y siempre acompañados; y, a los seis años, se incrementa un poco. La conexión a Internet, a los nueve años, acompañados y de forma progresiva.

¿Está de acuerdo en que, en Secundaria, se usen las tabletas como herramienta de trabajo?

Las nuevas tecnologías son solo una herramienta, pero no van a arreglar, por sí solas, problemas de la escuela que son muy profundos. Lo esencial es respetar esos ritmos internos de los niños: que se les deje tener una actitud activa y que se involucren con interés en distintas actividades el tiempo necesario y con niños de distintas edades. Además, hay que darles un ambiente en el que se sientan aceptados y amados.

Usted asegura que la familia es esencial en el aprendizaje; que los padres hablen con sus hijos, que jueguen… Pero muchas familias no pueden hacerlo: los padres trabajan mucho y los niños están solos.

Cada uno hace lo que puede, y hay gente que puede hacer poco; pero cada uno a su ritmo. El objetivo es darles confianza.

Pero para poner en marcha todas estas cosas (clases con distintos niveles, tiempo, materiales) hace falta dinero.

La gente piensa que la importancia está en los materiales. Pero no es así. Mezclar edades o hacer un aula más horizontal y crear un ambiente de empatía y ayuda mutua es lo importante; y no cuesta nada.

¿Qué papel juega la disciplina?

Es necesaria. Cuando empezamos a trabajar con niños que no son autónomos, no saben hacer nada por sí solos, ni escoger actividades. Están agitados y desconectados de sus motivaciones y de sí mismos. La disciplina ayuda a encauzarles hasta que son autónomos y ahí surge una autodisciplina natural, interior. Los pequeños están más centrados y tranquilos, y desarrollan la capacidad de conectar con el otro aunque no estén de acuerdo.

Habla de “religancia”, el nexo con los seres queridos que nos da confianza. Si no existe, ¿la escuela, por sí sola, puede fomentarla?

. El cerebro humano es resiliente. Si encuentra en el entorno las condiciones favorables para resistir y adaptarse, lo hará. La escuela puede ser esencial para superar traumas o maltrato. Aunque, según la gravedad, se necesitará más o menos tiempo.

¿Algún país tiene una escuela similar a la que usted propugna?

Yo diría que Finlandia. Creo que su sistema es coherente con las leyes naturales del niño. Sobre todo, eligen bien a sus profesores y los forman adecuadamente. Y la sociedad les otorga una total confianza. Eso me impactó. Es lo más importante a la hora de enseñar.

¿Cuándo hay que enseñar a los niños las materias esenciales: leer, escribir, cálculo…?

Lo fundamental, para empezar, son las actividades cotidianas, que permiten a los niños construir sus competencias para apoyarse en ellas y, después, aprender las materias regladas. En Gennevilliers, durante seis meses no hablamos de matemáticas ni de lectura. Los niños aprendían a vestirse, a ayudar a los otros, a tener relaciones sociales serenas, a expresarse, a pintar y a limpiar después… Si un niño es capaz de hacer todo eso, ya está preparado para aprender lo que quiera.

¿Y cómo lo aprende?

No hay un método: lo importante es tomarse el tiempo necesario para desarrollar esas competencias. Recuerdo a una niña de cuatro años que me dijo: “Céline, ahora quiero aprender a leer”. En tres semanas, empezó a hacerlo, aunque los tests que le habían hecho a principios de curso decían que no tenía las capacidades cognitivas para tener éxito en el colegio. A los cinco años, era la mejor en lectura, por encima de niños de ocho años.

¿No es un poco utópico?

No, es real. Lo único necesario es un entorno familiar y pedagógico que esté muy al lado del niño y le permita hacer las cosas de forma autónoma. Todos los niños del planeta lo dicen : “¡Yo solo!”. Únicamente hay que escucharles.

Fuente: Mujerhoy

Acerca de Carolina Blázquez

Maestra de Educación Infantil y amante de la música, de las ideas diferentes, de los detalles y de las cosas simples y ordinarias.

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