Silvia Gallego: “Tenemos muy interiorizados los castigos pero no funcionan”

Investigadora sobre educación, autora de “Tu hijo es tu gran obra” y fundadora de Instinto Materno

¿Siempre le habían interesado los temas de educación?

Sí y he tenido una conexión especial con los niños y adolescentes. De joven, me sentía un poco herida porque los adultos me miraban por encima del hombro. Se juzga a los adolescentes como vagos o flojos. Y hay que evitar etiquetas peyorativas.

Pero el detonante del cambio fue el nacimiento de su hija. En el libro cuenta desde el momento en que se queda embarazada hasta que la niña cumple 6 años…

Lo que ocurrió es que me sentí muy sola. No encontré una ‘tribu’ y, a mi alrededor, mi familia y amigos tenían un pensamiento más ‘conductista’ (a un estímulo le sigue una recompensa). Así que necesitaba expresarme y la escritura me ayudó.

¿Qué era exactamente lo que no le gustaba de lo que le decían?

Que no cogiera tanto a la niña en brazos, que no la metiera a la cama con nosotros, que la tenía que llevar a la guardería para volver a trabajar… Lo que está arraigado en la sociedad. Pero una voz dentro de mí me decía que mi hija me necesitaba a su lado.

¿Su marido compartía sus mismas ideas sobre educación?

No y he tenido muchas discusiones y conversaciones con él. Pero me ha apoyado y el libro le ha hecho cambiar su forma de pensar.

Insiste mucho en que no se puede justificar la violencia con los niños y en que no sirve el argumento ‘pues a mí me dieron con la zapatilla’ y no me ha pasado nada.

¡Claro! Nuestra generación (los padres que ahora tenemos 40 años) hemos recibido castigo, tendemos a justificar la violencia y a aplicar la misma educación que recibimos. Nuestros padres hicieron lo que pudieron pero no tenemos que repetir. Muchas veces nos venden mensajes de miedo como ‘más vale una bofetada a tiempo’. Pero, ¿a tiempo de qué? Las cárceles están llenas de gente que ha sido maltratada, que ha recibido muchas bofetadas a tiempo. Los límites son necesarios pero no se puede hacer daño.

Entiendo que nunca ha pegado a su hija. ¿Y castigado?

Yo no soy perfecta y a veces también me enfado y se me escapa algún grito. Pero jamás he castigado a mi hija. Los castigos los tenemos muy interiorizados pero no funcionan.

¿Qué alternativas propone?

Hay que intentar contenerse y no estar todo el día con el ‘no’ en la boca. En vez de decir, ‘no corras’ o ‘no grites’, es preferible hablar en positivo: ‘vete más despacio’ o ‘habla más bajito’. Agacharse, ponerse a su nivel y entender el mundo desde la perspectiva del niño es algo que funciona bien.

La teoría es bonita pero la práctica, muy difícil. Además, no es lo mismo criar a una hija que a más.

¡Claro! Pero seguro que los padres lo intentan hacer lo mejor posible. Criar a un hijo es como construir una gran catedral. Los constructores son anónimos pero se reconocerá su obra y sus hijos serán grandes personas. Los padres y educadores tienen que alentar a los niños para que brillen y persigan sus talentos.

¿Cómo detectaron que su hija tenía altas capacidades?

Empezó a no querer ir al colegio y a desarrollar una sensibilidad muy fuerte (sabía a qué personas les caía bien y a cuáles no). El centro al que iba en Barcelona era muy competitivo pero a nivel emocional, un cero. Al llegar a Pamplona (la niña va a Luis Amigó, en Mutilva) encontramos una profesora extraordinaria que la ayudó. El sistema educativo es muy duro porque se aburren.

¿Aplica con su hija sus teorías?

Lo intento y creo que tengo una buena relación con ella y estamos muy vinculadas. Aunque a veces, también me siento culpable porque ella no está a gusto en el sistema educativo y tengo que llevarla al colegio todos los días y de forma obligatoria.

Fuente: Diario de Navarra

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