Playmobil y la discapacidad

Jugar es “hacer algo con alegría con el fin de entretenerse, divertirse o desarrollar determinadas capacidades” (RAE). Implica emoción, interés, motivación… Por eso, cuando se aprende jugando se aprende mejor. Sin embargo, los juguetes son un fiel reflejo de cómo vemos el mundo, y debido al valor educativo que les damos, debemos cuidar su imagen.

Todos conocemos Playmobil, una línea de juguetes de plástico cuya base es un muñeco articulado. Lo que le convierte en un buen juguete es la multitud de posibilidades de juego que ofrece, ya que no impone o determina unos patrones específicos, lo cual estimula la imaginación de los niños. Tal y como explica su inventor, Hans Beck, “lo importante no es el juguete, sino las historias que se pueden inventar”. La magia está en facilitarle un objeto que le permita inventar, imaginar, crear… Vivir aventuras.

Hace algo más de un año, un grupo de padres de niños con discapacidad y padres con discapacidad de Reino Unido inició la campaña “Toy like me” (Un juguete como yo), con la que le pedían que hiciera juguetes que representaran a todos los niños, y así ayudar a generaciones de niños a crecer con una actitud positiva hacia la diversidad. En dicha petición les recordaban que son más de 150 millones los niños con discapacidad en todo el mundo: “¿Dónde están sus magos en sillas de ruedas, hadas ciegas, genios con audífonos y princesas con andadores?”

A día de hoy podemos decir que es una realidad, de la que además, otras industrias jugueteras están formando parte. ¡Muchas gracias! #Toylikeme

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