Marina Mori: “Las familias quieren tener al ‘superniño’ que sepa más, y la clave es que crezca y elija de forma autónoma”

Maestra formadora en las escuelas infantiles municipales de Reggio Emilia.

En su conferencia habló sobre la Relación familia y escuela. La cultura de la infancia en la ciudad. ¿A qué se refiere?

La participación de las familias es un punto fundamental del proyecto educativo de Reggio Emilia [que se enmarca en la etapa de 0 a 6 años]. La escuela es un lugar para que los niños y niñas puedan expresar sus pensamientos, sus sentimientos, sus formas de ver el mundo…

¿Cuáles diría que son las señas de identidad de este proyecto?

Creemos que, desde el nacimiento, hay un niño o una niña que nace con enormes posibilidades, que se pueden expresar a través de muchos lenguajes [desde Reggio Emilia hablan de los 100 lenguajes, como hizo el pedagogo Loris Malaguzzi]. Siempre se ha considerado al niño pequeño como alguien que no sabe: que no sabe hablar, no sabe caminar, ni pensar… pero durante los dos primeros años suceden las mayores conquistas. Se ponen de pie, aprenden a caminar, saltar y hablar. No es un niño, por tanto, que no sabe. Así que creemos en ese niño, que potencialmente es capaz de ser muy potente. Para ello, hay que construir ambientes y escuelas, contar con personas que sean muy cercanas a esa forma de aprender, conocer e interpretar el mundo. No solo hay que valorarlos a través del lenguaje verbal. Y, para ello, se necesitan personas preparadas para dar esa posibilidad de expresarse. Así se crea el concepto de taller y la tallerista, que es una persona formada en lenguajes artísticos y participa en la escuela.

Su propuesta habla de un o una tallerista, dos personas maestras en el aula con el mismo grupo, un equipo psicopedagógico que coordina los proyectos… ¿cree que ese modelo es exportable, en un momento en que los recortes han afectado a la educación?

Exportable es una palabra que no me gusta, pero la figura del tallerista es algo que se puede hacer en cualquier lugar. Sobre el enfoque de Reggio Emilia, no me gusta pensar que sea un modelo que se puede copiar, me gusta más pensar en un diálogo. No se puede prescindir de la cultura local. Reggio lo habrá hecho de una manera, pero cada lugar tendrá que adaptar ese enfoque a sus propias raíces culturales e históricas.

¿A qué se refiere cuando habla de la relación de los niños y niñas con su ciudad?

Los niños tienen la capacidad de sorprender a los adultos, de removerlos de donde están. Pueden crear acontecimientos en su ciudad. Por ejemplo, en Reggio hicimos un proyecto simbólico: proyectaron un telón para el teatro municipal Ariosto, después de visitarlo, y el hecho de que se les reconozca ese valor es extraordinario.

Pero su propuesta poco tiene que ver con esa imagen de las aulas con pupitres y un único docente.

Los niños y niñas tienen que estar en espacios donde encuentren preguntas para tener experiencias interesantes y autónomas. En Italia, al menos, en las escuelas hasta los 6 años ninguna tiene pupitres. En la experiencia de Reggio, no han existido nunca.

Si su apuesta es por dar protagonismo a los niños y niñas, ¿cuál debe ser el papel del maestro o maestra?

Un concepto fundamental es ponerse a la escucha, que la maestra sepa estar cerca y saber escuchar. No es estar en el anonimato, pero tampoco ser un invasor de lo que ocurre. Los maestros y maestras a menudo hablan mucho de los niños pero poco con ellos. No les escuchan casi nunca.

Hablando del potencial de los niños y niñas, ¿eso no genera demasiadas expectativas entre las familias?

Es importante que las familias formen parte del proyecto, que sientan que están con nosotros, y que sepan que los niños y niñas realizan procesos que tienen valor por el propio proceso que hacen. Todos los niños y niñas son inteligentes, y tienen que sentirse acogidos. Sabemos que las familias tienen expectativas muy altas: quieren tener el superniño, e invierten en ello. Y eso, no lo olvidemos, solo sucede en una parte del mundo, porque en otras como Sudamérica y África hay niños en situaciones de necesidad. En Occidente, quieren el niño que sepa más, que tengan más posibilidades, y lo que en Reggio Emilia queremos compartir con las familias es que hagan crecer a un niño o niña que pueda elegir en su vida autónomamente entre distintas opciones, para realizar distintos proyectos. Hablar de un niño potente no es hablar de un superniño, sino que se trata de valorar la diversidad del individuo, que es capaz de elegir su propio camino, que puede hacerlo por sí mismo y con los demás. Y que, por tanto, es responsable.

¿Sus palabras tienden a generar incredulidad? Hablo entre las familias y entre las instituciones a las que explica su proyecto.

Esa incredulidad no la sentimos entre las familias, sino en las instituciones. Porque los padres están dentro de esa experiencia, la viven todos los días, la hacen suya, y la ven en los hechos. Por eso no les cuesta. La escuela necesita de esas familias para que el proyecto funcione, y por eso se convierten en personas aliadas para sostener este proyecto y su calidad frente a la Administración. Mucho de lo que hemos conseguido ha sido porque las familias han luchado y lo han defendido frente a intentos por mermarlo.

Fuente: Diario de Noticias de Navarra

Acerca de Carolina Blázquez

Maestra de Educación Infantil y amante de la música, de las ideas diferentes, de los detalles y de las cosas simples y ordinarias.

Ver todas las entradas de Carolina Blázquez →

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *