Katia Hueso: “La mayoría de las cosas que se hacen en un aula se pueden hacer al aire libre”

Katia Hueso: “La mayoría de las cosas que se hacen en un aula se pueden hacer al aire libre”

Katia Hueso es bióloga, ingeniera Agrícola y responsable del Grupo de Juego en la Naturaleza Saltamontes.

¿Qué es el grupo Saltamontes?

Es una escuela infantil al aire libre hasta seis años. Se basa en el juego espontáneo en la naturaleza durante todo el día. Es una alternativa a la escuela, los niños están con nosotros todo el día. La clave del proyecto no es solo el juego espontáneo sino el trato que reciben de los educadores.

¿Qué aporta la naturaleza a nivel educativo?

Estar en el medio natural les aporta beneficios para su desarrollo social y cognitivo. En cuanto a su salud, su bienestar, lo más evidente es que son niños que se mueven mucho, tienen una psicomotricidad muy buena porque se mueven en un terreno muy irregular. Tienen un conocimiento muy bueno de su cuerpo, son más autónomos. Decidir a qué juegan les empodera, les da capacidad de decisión. El entorno es cambiante —ayer hacía sol, hoy llueve— y les da flexibilidad, capacidad de adaptación, resiliencia, aceptar que no podemos controlar todos los aspectos de nuestra vida, algo que pasa hoy día en la sociedad. Tienen que desarrollar su propio juego y materiales, porque no tenemos materiales estructurados. Al no tener materiales estructurados la imaginación está trabajando todo el rato también. Van a desarrollar habilidades sociales y cognitivas, también un vocabulario más rico. Estar en un entorno natural cambiante hace que se prevengan patologías derivadas de la miopía, por ejemplo. En un aula la distancia de foco es pequeña, en la naturaleza puede ser infinito y es cambiante, están entrenando el ojo.

Menciona continuamente el juego espontáneo. ¿Hacen algo más?

En principio la actividad es el juego espontáneo. Pero no es solo eso. Hay una estructura, un orden en el que suceden ciertas cosas. Los niños llegan, saludan, suben a la zona de juego… Hay unos límites a la convivencia también. Cumplidas estas premisas, en condiciones de seguridad y respeto, diseñan y desarrollan su propio juego. En un determinado momento hay que regresar al colegio y se termina su rato de juego. Pero en esas cuatro horas escasas que tienen, básicamente es juego. En alguna ocasión se puede dar una propuesta de algún acompañante, pero que habrá recogido el interés de los niños.

¿Hay base científica detrás de su propuesta?

Absolutamente. Pero la hemos tenido que buscar fuera porque cuando surgió Saltamontes no había nada aquí y hemos tenido que beber de fuentes de otros países. En Alemania, por ejemplo, hay 2.500 escuelas y la más antigua tiene cerca de 50 años. Hay estudios detrás de esto, pero fuera de España, porque aquí no hay masa crítica para hacerlos, ni por tiempo ni por cantidad de niños. En mis escritos y presentaciones cito estos estudios, es importante que esto tenga una base. Que la gente vea que no es una inspiración que haya venido del cielo, sino que tiene su fundamento.

¿Este modelo de escuela se puede aplicar en Primaria?

No es calcable tal cual, los niños de Primaria demandan otro tipo de enfoque. El juego libre sólo igual no es lo apropiado, aunque hay escuelas que lo hacen. Ya demandan desafíos intelectuales, no solo físicos. Es factible llevarlo todo al exterior, hay literatura para enseñar las asignaturas en el exterior. La mayoría de las cosas que se hacen en un aula se pueden hacer al aire libre. Se está haciendo en algunas escuelas de Primaria en Alemania (si son 2.500 en total habrá media docena de Primaria), me consta también que en Suecia.

Trabajan menos contenidos y conocimientos y a cambio más habilidades sociales y cognitivas. ¿No les causa problemas a los chicos llegar a Primaria quizá sin saber leer o escribir como es habitual?

Es cierto que el sistema está pensado para que vayan con eso bastante avanzado. Nos encontramos a veces con que niños que no han mostrado interés por la lecto-escritura se pueden ver un poco retrasados respecto a sus compañeros. Nosotros no damos clase como tal, pero si un niño te pregunta cómo se escribe su nombre o quiere escribirle una nota a su compañero, le vamos a ayudar. Otra cosa es que vayamos a trabajar determinados letras o fonemas. Pero las letras están ahí. Los que no han tenido ese interés, hemos visto que lo adquieren muy rápido en Primaria. Puedo poner el ejemplo de mi hija, no sabía leer ni escribir y le cogió el truco muy rápido. En dos meses leía. Lo interesante es que se dio cuenta de que leer y escribir servía para algo y le dio una utilidad real, escribir cartas y leer notas. Enseguida lo empezó a usar para lo que es, para comunicarse; el concepto ficha no existe para ella.

¿Diría que su modelo va un poco a contracorriente? Ahora parece que todo es prisa, aprender idiomas desde pequeños, extraescolares…

Va en contra del exceso de actividades estructuradas. Ya no sé si lo que los padres hacemos (me incluyo a veces en esa vorágine de apuntar a los niños a cosas) son las tendencias actuales o es lo habitual. Lo que buscamos con el juego espontáneo es que ellos mismos descubran sus intereses. Qué les apetece, qué no, qué les interesa. Cada niño tiene sus especialidades y sus intereses. Si desde pequeños les acostumbramos a dirigir nosotros sus actividades no van a tener tiempo ni para pensar qué les mueve, qué les atrae. En Saltamontes les queremos dar ese tiempo para que se descubran.

La transición entre etapas es uno de los momentos más delicados. Su escuela está en el tránsito entre Infantil y Primaria. ¿Cómo lo llevan? ¿Hacen seguimiento posterior?

Ya han salido unos cuantos. Es cierto que la transición es compleja porque los niños están acostumbrados a hacer juego libre y encima en el monte y pasan a un aula con una jerarquía. Es complejo, no lo voy a negar. Pero en proyectos como este, con una ratio muy baja, se refuerza mucho el acompañamiento emocional. El juego espontáneo les da herramientas sociales, sobre todo, de empatía, capacidad de comunicación, etc. A los niños que están acostumbrados a hablar con adultos no les cuesta trabajo manifestar sus inquietudes. La dificultad está ahí, tienen que superar la transición, pero tienen herramientas para navegarla.

También tenían problemas con la Comunidad, relacionados con la homologación de su sistema. Me llegó a decir hace un tiempo: “Mirando el BOE, te das cuenta de que estás tan lejos que no vale la pena intentarlo”. ¿Siguen igual de lejos?

La homologación de este tipo de proyectos es una asignatura pendiente a escala estatal. Existe un proyecto, Bosque Escuela, que se ha homologado adaptándose al currículum de la Comunidad de Madrid. Nosotras estamos en tierra de nadie, porque si ves los objetivos generales que aparecen sí se cumplen. Pero la Comunidad te pide también que coincidas con su currículum. ¿Cómo cumplir con el currículum cuando estás con el juego espontáneo? En la asociación EDNA (Educación en la naturaleza), de la que formamos parte, estamos viendo cómo adaptamos esto a los diferentes currículos de cada comunidad. Nuestra intención es homologarnos, pero no por pasar por el aro, sino porque el aro se ensanche.

Pero ensanchar el aro igual no depende de ustedes…

No, pero estamos en grupos de presión para que, ahora que se está cambiando el modelo, se acepte esta forma de trabajar. Estamos en la línea de que el legislador y las comunidades autónomas entiendan que hay otra manera de trabajar y que hay que perder el miedo a hacerlo. No pretendemos ser la única forma.

¿Por qué cree que en España este tipo de escuelas son tan escasas cuando en Europa son mucho más habituales?

Creo que en la cultura mediterránea tenemos un modelo educativo muy clásico, muy jerárquico, basado en la clase magistral y en el conocimiento superior que se le presupone al maestro. Quizá en los países nórdicos hace tiempo que siguen un modelo más horizontal entre alumno y maestro y es más fácil que surja un modelo de estas características. En Alemania, las escuelas convencionales no difieren tanto de las de la naturaleza, solo que unas están en el campo y las otras no. En Escandinavia o Alemania hay proyectos de estas características, son proyectos económicos más asentados y quizá han sentido antes la necesidad de volver a la naturaleza, no como aquí que estamos todavía quizá deslumbrados por avances.

¿Cree que hay margen para la expansión de este modelo?

Creo que sí, que esta forma de educar ha venido para quedarse. En España hay ahora una veintena de colegios de este tipo, más o menos. Pero lo que me llama más la atención es que hay un interés de la escuela convencional por recuperar ese vínculo con el medio natural. Es un interés que se da en varios ámbitos, también en entornos no escolares como la salud, la cultura o el deporte. Creo que en el fondo estamos buscando regresar a nuestra esencia.

Su centro está en Collado Mediano, una localidad de tamaño medio de la sierra oeste madrileña, a 40 minutos en coche de Madrid. ¿Qué tipo de familias y alumnado se acerca a su centro?

De 2011 hasta ahora las familias y profesionales que se acercan tienen más claro de qué se trata. Antes éramos como los diferentes y veían a ver de qué va. Ahora ya saben que nuestro modelo está fundamentado en el contacto con la naturaleza. El perfil de la gente que viene aquí son lo que yo llamo trasplantados, gente en su mayoría de la ciudad que ha buscado activamente el contacto con la naturaleza. Tenemos también familias mixtas provenientes del extranjero. Los lugareños no vienen mucho.

Fuente: El Diario de la Educación

Acerca de Carolina Blázquez

Maestra de Educación Infantil y amante de la música, de las ideas diferentes, de los detalles y de las cosas simples y ordinarias.

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