José Antonio Marina: “Para educar al niño hace falta la tribu entera”

Filósofo, ensayista y pedagogo.

¿Existe una receta para desactivar la violencia?

Depende del tipo de violencia. Hay una de origen emocional, como la furia, la dificultad de controlarse, la impulsividad, o la violencia por aburrimiento, como grabar agresiones por teléfono móvil. La otra es estratégica, fría, de cálculo: extorsiono o meto miedo para conseguir algo. Cada una tiene un tratamiento.

¿Cuáles son?

La emocional se trata con la educación y los modos de controlar las emociones. Esto es, que es algo que en muchos casos falla, por ejemplo, en chavales con déficit de atención o hiperactividad. Necesitan un tipo especial de educación para que antes de los 10 años hayan resuelto sus problemas de convivencia con sus amigos o en casa. El manual de instrucciones de la segunda violencia es que nunca sea recompensada. Cuando un acto violento es recompensado, tiende a repetirse.

¿A quién corresponde la tarea de enseñar a controlarse?

Está compartida entre padres, directores, claustro, centros de apoyo a los profesores, las asociaciones de padres y madres, los municipios, las fuerzas de seguridad… pero cada uno en lo suyo. En la educación emocional sabemos que la influencia de los padres es muy fuerte e insustituible posiblemente en los primeros tres o cuatro años. A partir del cuarto año se solapa con la escuela, o antes, si van a una guardería.

¿Hay alguna responsabilidad exclusiva de los padres?

El sentimiento de seguridad se adquiere de los padres. Y alrededor de los 16 a 18 meses se configuran estructuras básicas para aprender a regular las emociones. Los padres son los primeros que tienen que ajustar el temperamento de los niños. Durante dos o tres años la gran tarea es intentar suavizar los defectos del niño en su temperamento. Es el momento de la seguridad, de establecer pautas muy ordenadas y de decir no. De mantener una disciplina coherente y consistente.

¿Y la escuela?

Tiene que tapar agujeros. Como no podemos asegurar que los padres cumplan bien con su obligación, aunque muchas veces tampoco lo hace la escuela, lo que nos interesa es que la suma total de ayudas que reciba el niño sea eficaz. No sólo la escuela, sino una cuidadora, una tía… unos suplen a otros. Pero durante la escuela primaria se deben favorecer todos los sistemas de socialización del niño. Tiene que aprender a jugar, a compartir y respetar a los demás y obedecer las normas.

¿Cuáles son los principales aspectos a cuidar por parte de los padres?

Una es el tiempo que se dedica a los niños. Necesitan tiempo en casa para poder hablar con ellos. En segundo lugar los padres tienen que atender a los sentimientos de los niños: para ellos es importantísimo lo que a nosotros nos parece

infantil. Además, algo imprescindible, los niños necesitan que se les diga que no porque de otra forma tienen la impresión de que los padres no les quieren.

¿Cómo compatibilizar los valores que se transmite a los niños con los que exige una sociedad cada vez más exigente que valora los comportamientos agresivos cuando no egoístas?

Ese es uno de los problemas básicos de la educación. Siempre padres y docentes han educado en nombre de la sociedad y tenían a la sociedad detrás de ellos. Era mucho más sencillo. Ahora tienen la idea de que educan contra la sociedad y se sienten impotentes, solos y asustados. Tenemos que hacer pedagogía social y explicar a la sociedad que no puede exigir cosas que no está cumpliendo. Estoy poniendo en marcha un programa donde recojo preguntas a este respecto -movilizacióneducativa@telefonica.net-. El lema es que para educar al niño hace falta la tribu entera [en referencia a la sociedad].

¿Qué les dice a quienes le creen ingenuo por pedir un compromiso global por la educación?

Conozco cómo es el mundo, pero también que somos menos miserables de lo que pensamos. Y cuando ofreces a una persona la posibilidad no heroica de trabajar en algo que le parece importante, sabe cómo hacerlo. Al final, todos vamos a ser víctimas o beneficiados de la educación de nuestros hijos. Los niños son un poco niños de todos.

Fuente: EL PAÍS

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