Carlos Magro: “En educación sobra presión y falta comprensión”

Vicepresidente de la asociación Educación Abierta.

¿Cómo surge la asociación Educación Abierta? ¿A qué necesidad responde?

Surge del interés por la educación de un grupo de personas muy diverso. La constatación de la necesidad de crear espacios de debate y diálogo entorno a la educación que no sean los habituales nos llevó a unirnos. Creemos que no se responde suficientemente bien a la complejidad que exige el debate educativo.

¿Quién forma parte de Educación Abierta?

El grupo es muy diverso: edad, trayectoria, ideología, etc. Pero todos tenemos en común que tenemos una gran preocupación e interés por la educación. Somos un grupo pequeño, que nos organizamos hace 4 años e intentamos reflejar la diversidad de la sociedad y la idea de que sobre educación todos tenemos mucho que decir. Ahora mismo el proyecto que más nos ocupa es el de Calmar la educación.

¿En qué consiste este proyecto?

Lo que pretendemos es abrir un espacio donde se puedan escuchar diferentes voces. Queremos liberar el debate educativo de las inercias en las que está sometido actualmente y que no permiten que de él salgan propuestas para avanzar de verdad. Este espacio debe servir para hablar en positivo, de forma pausada y profunda de los temas que nos preocupan.

¿Lleváis mucho tiempo trabajando en ello?

Llevamos unos cuantos meses trabajado, primero de forma interna, identificando los ejes sobre los que queríamos debatir. Así, definimos el mapa de lo que nos preocupa, porque pensamos que de la educación se habla, pero de forma superficial, no se profundiza de verdad. El debate de la educación está secuestrado por intereses partidistas y corporativistas.

¿Cuáles son esos grandes temas de los que pensáis que es necesario hablar?

Identificamos nueve grandes ejes, que más o menos nos permiten abordar la complejidad del debate. El primero aborda un tema fundamental que es llevar a los alumnos al centro del debate educativo y darles voz. Hemos intentado incorporarlos en el propio debate porque cada vez que les damos voz, nos sorprenden. Lo hemos titulado Aprendemos dialogando.

Otro tema que para nosotros es importante es la inclusión, por eso Todos somos todo pone énfasis en la atención a la diversidad. Tenemos delante una gran diversidad por muchas razones en nuestras aulas. El sistema educativo no ha sido capaz de incorporar a todos y no está garantizando el derecho a aprender de todos. El derecho a aprender va mucho más allá de la escolarización. El tercer tema gira entorno a la familia, en el sentido amplio: contexto y familia.

¿Qué papel tienen las familias en los debates?

Es importante reconocer que todos estamos interesados en la educación y cualquier debate debe incluir las opiniones tanto de los alumnos como de sus familias. La frontera entre lo que aprenden los chicos y chicas dentro y fuera de la escuela es muy difusa. Uno de los retos que tiene el sistema educativo es precisamente este: ¿cómo abordar una escuela más abierta?

¿Y los docentes?

Son los protagonistas del cuarto tema, junto con otros profesionales de la educación. Si queremos favorecer un cambio educativo es obvio que tenemos que contar con los docentes. Pero también debemos pensar en la carrera profesional, la formación, el reconocimiento social, etc. La evidencia es que no hay cambio posible si no contamos con ellos, sin embargo las reformas que se plantean cuentan poco con estos profesionales.

¿Qué otros temas habéis puesto sobre la mesa?

Los espacios es otro de los ejes sobre los que articulamos el debate. Porque el espacio educa, y no es lo mismo un espacio que otro. Una de las variables que hay que tener en cuenta es cómo son los lugares de aprendizaje: desde las aulas a los centros, pero también los espacios donde se aprende fuera de las escuelas.

El currículum es otro de los temas que más nos preocupan. Tenemos un currículum demasiado extenso y poco profundo, hace falta una reforma real sobre este ámbito. Debemos debatir sobre qué debemos aprender: competencias, valores, conocimientos. Pero también debemos decidir sobre cómo queremos aprenderlo.

¿La evaluación también es un tema a repensar?

Por supuesto. Desde nuestro punto de vista debe responder a un proyecto adecuado a cada contexto. Pero la evaluación se debe abordar desde todos los puntos del sistema: desde las evaluaciones internacionales, nacionales, las académicas, las diagnósticas, etc. Hay que pasar de la idea de evaluación como calificación a la idea de evaluación como apoyo.

¿Es el tiempo otra gran variable?

Los tiempos de aprendizaje son prioritarios. No son solo temas de calendario, sino de cómo nos organizamos a diario, de cuánto duran las clases, de cuánto tiempo nos damos para alcanzar las metas… Todo esto está muy ligado a la personalización de la educación, como comentábamos antes.

Llevamos ocho, ¿Cuál es el noveno eje?

Por último, aunque queremos evitar caer en las polarizaciones y en la politización de la educación porque creemos que crispa el debate, creemos que la educación es un tema político en el sentido bueno de la palabra política. Un cambio educativo requiere unas políticas públicas que favorezcan ese cambio y que pongan en contexto todos los puntos anteriores.

¿En qué punto está #CalmarEdu?

Estamos en un punto intermedio. Haciendo públicas las propuestas que han salido del debate inicial y en el que han participado muchas personas. Las propuestas, que son cortas en su formulación, están colgadas en nuestra web y abiertas a todo aquel que quiera hacer su aportación. A partir de enero propondremos un documento más cerrado con las conclusiones.

¿Por qué creéis que la educación está sometida a este clima de crispación?

En nuestro caso, el debate está poco en la sociedad y demasiado en los partidos políticos. Se utiliza rápidamente como arma arrojadiza y si nos damos cuenta, en los últimos años hemos tenido muchas reformas educativas. España ha hecho un esfuerzo enorme y ha mejorado mucho en sus indicadores educativos. Estamos mejor que hace 40 años, es cierto. A pesar de esto, la sociedad civil está poco articulada en este ámbito. Nuestro objetivo es ensanchar el debate y hacerlo menos crispado, más pausado. La educación es algo muy complejo, no hay soluciones únicas, no puede haber posturas extremistas.

Las afirmaciones rotundas no ayudan. Necesitamos incorporar más voces, profundizar en los temas, y presionarnos menos. Hemos generado un clima de mucha presión y nos falta comprensión. Tenemos que hablar más y generar propuestas. El debate debe salir de las trincheras.

¿La educación debe estar siempre a debate?

Es consustancial a la educación. Tenemos un reto difícil, porque a veces a la escuela les pedimos cosas paradójicas. Por ejemplo, por un lado le pedimos que conserve la cultura, la herencia, los conocimientos, y por otro lado le pedimos que transforme, que cree personas que transformen que sean críticas, etc. La escuela siempre ha tenido en sí misma la necesidad de cambio. En el fondo siempre está la necesidad de cambiar y de adaptarse a su tiempo. En este contexto es necesario no conformarse.

No es fácil ser profesor… 

La profesión de docente es muy difícil. Enseñar es muy complejo, mucho más difícil de los que muchos pensamos. Desde la comprensión de esta dificultad y de la asunción de que las soluciones no son únicas, hay que encontrar un equilibrio.

¿Cómo cree que puede intervenir la tecnología en la transformación de la educación?

Lo que está claro es que debemos transformar la educación para adecuarla a nuestros tiempos., y la tecnología es omnipresente en nuestro día a día. No es solo un herramienta, sino que es un contexto. Es un ecosistema que modifica, queramos o no, a las personas y nuestras relaciones con los demás y con el conocimiento. Es importante incorporar este debate a la transformación educativa y redefinir lo que entendemos por enseñanza y aprendizaje.

Fuente: Tiching

About Carolina Blázquez

Maestra de Educación Infantil y amante de la música, de las ideas diferentes, de los detalles y de las cosas simples y ordinarias.

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