Andrea Magnolini: “Se debe perder tiempo para ganar tiempo”

Docente, escritor, y experto en la pedagogía del caracol, la Escuela Creativa y los derechos de los niños.

¿En qué consiste la pedagogía del caracol?

En permitir que los niños experimenten. Es decir, que trabajen con las manos, que interactúen con la naturaleza, que toquen las herramientas e instrumentos… El objetivo es que encuentren sus intereses y talentos para que acaben conociéndose mejor. Otro concepto importante de esta pedagogía es el juego como mediador para aprender y para experimentar, así como también la participación en talleres.

¿Qué tipo de talleres?

Hablamos de talleres muy distintos, ya que los niños también son muy diferentes entre ellos, algunos para trabajar la madera, otros para aprender a coser o a pintar… Otro elemento esencial es la naturaleza. La pedagogía del caracol está muy vinculada a la naturaleza, ya que es la primera maestra para un niño. Así es como lo entendía Gianfranco Zavalloni, impulsor de la pedagogía del caracol.

¿Por qué Gianfranco desarrolló este modelo educativo?

Lo más importante es entender que la pedagogía del caracol nace de una experiencia y no de la filosofía. Gianfranco trabajó durante catorce años en una escuela de primaria y se dedicó a observar a los niños. A partir de esta observación, desarrolló la pedagogía del caracol, que es el resultado de todas las experiencias que vivió en primera persona y la de las profesoras con las que trabajó.

¿Cómo entendía la escuela?

Como un espacio para ser curioso, no sólo para los niños, sino también para los docentes. Un lugar donde se debe aprender haciendo. Por ello, creía que la escuela necesita el coraje de los docentes para que aporten su talento. Entendía que los profesores y los alumnos tienen distintas habilidades y les invitaba a que cada uno aportara las suyas.

En su escuela, los docentes eran parte activa…

Siempre nos animaba a participar. Nos pedía que escribiéramos un diario sobre nuestra actividad, no para hacer un seguimiento de nuestro trabajo, sino para que dedicáramos tiempo a reflexionar sobre lo que hacíamos en clase.

Gianfranco afirmaba que la escuela y la sociedad están basadas en el mito de la velocidad. ¿A qué se refería?

La velocidad es un mito de nuestro tiempo que debemos desmontar. La velocidad en sí misma no significa nada, pero cobra sentido cuando tiene un objetivo, un destino. En nuestra sociedad entendemos que tenemos que ir de un punto a otro lo más rápido posible. Lamentablemente el mito de la velocidad también ha calado en la escuela.

¿En qué sentido?

Consideramos que el mundo en el que vivimos es muy complejo y nos marcamos muchos objetivos. Bajo esta premisa, educamos a los estudiantes para que desarrollen lo más rápido posible todas las habilidades que creemos necesarias para nuestra complicada sociedad. Pero esto es un mito, porque si preguntamos a los niños cuáles son sus objetivos o qué es realmente importante para ellos… el 95% de los estudiantes no sabrá qué responder. Necesitan tiempo.

Interesante…

Si no conocemos nuestro objetivo, no tiene sentido que vayamos rápido para llegar a él. Lo que necesitamos es tiempo para conocer nuestra meta. Una vez el niño descubre sus intereses y sus objetivos, la escuela debe permitirle seguir aprendiendo a su ritmo. Hay niños que necesitan hacer las cosas a mayor velocidad y otros con más calma. La escuela debe permitir que cada alumno descubra sus intereses y que los desarrolle a su ritmo.

¿Qué consecuencias tiene para los niños el mito de la velocidad?

Les estamos transmitiendo que deben asumir más objetivos de los que pueden manejar. Otro mito relacionado con la velocidad es el de la seguridad. Actualmente, queremos hacerlo todo rápido y seguro, pero es una idea contradictoria, porque cuánto más rápido vas, menos seguro es lo que haces. Todo ello provoca que acabemos transmitiendo inseguridad a los niños.

¿Cómo se transmite la inseguridad?

Estamos tan obsesionados con la seguridad y la velocidad que acabamos prohibiéndolo todo. No dejamos que los niños experimenten con las manos, que se ensucien, que salgan a la calle, que se relacionen con otras personas u otras culturas, con el argumento de que puede resultar peligroso. Con esta actitud el niño acaba entendiendo que el mundo es un lugar terrible.

¿Qué cambios deberían aplicarse en las escuelas?

La escuela atraviesa un momento de crisis porque la sociedad está especulando con ella. Me refiero a que, por ejemplo, como la sociedad está dominada por la tecnología, estamos intentando introducir su dominio también en la escuela, con la complicidad de unos docentes que no están preparados para ello. También me preocupa la dirección que ha tomado la enseñanza, que obliga a convertir cada experiencia en cognitiva.

¿Nos podría poner un ejemplo?

Cuando las escuelas enseñan a los estudiantes qué es el pan, no les llevan a conocer el campo, ni el trigo, ni cómo se elabora la harina… Lo que hacen es darles un papel en el que pone pan, una flecha que lleva al trigo, otra a la harina y otra que de nuevo vuelve al pan. Para un niño, esto no es una experiencia, es sólo un dibujo que no le aporta significado. Este problema se multiplica con el uso de las nuevas tecnologías.

¿Qué debemos hacer para revertir esta situación?

Hay que volver a la pedagogía del caracol. El conocimiento se debe transmitir a través de una experiencia. De esta forma el aprendizaje del estudiante será más rápido y de mayor calidad. Nosotros entendemos que cada niño tiene un talento distinto, por lo tanto, con esta pedagogía fomentamos que cooperen entre ellos, ya que para un niño representa una gran satisfacción poder ayudar a otra persona con capacidades distintas a las suyas.

Gianfranco propuso diferentes prácticas que permiten la desaceleración en la escuela. ¿Qué tienen todas ellas en común?

Para Gianfranco el diálogo tenía mucha importancia. Hay muchas clases que parecen una iglesia o el ejército, con una persona al frente hablando y las demás están obligadas a escucharla. Es muy distinto cuando una persona introduce unos conocimientos y los demás están en círculo escuchando, interactuando y aprendiendo.

¿Cómo fomentar el diálogo en clase?

Uno de los mejores instrumentos para animar el diálogo en clase son los títeres. Gianfranco siempre los utilizaba y dejaba que los niños los usaran y preparasen el espectáculo. Son prácticas que requieren de tiempo, pero debemos entender que se debe perder tiempo para ganar tiempo. Es importante recordar que los niños son como las semillas, algunos brotan muy rápidamente y otros necesitan estar un año en la tierra, en un lugar confortable, para después poder emerger.

Gianfranco también defendió la Escuela Creativa. ¿Qué debemos entender por creatividad en la escuela?

Pensaba que la creatividad es una capacidad muy difícil de definir, ya que consiste en tomar los elementos disponibles y darles un uso distinto al habitual. Por ejemplo, si cogemos partes de distintos animales y las juntamos, podemos inventar otro animal. Pero si no tenemos experiencias directas con los animales, es decir, si no los has visto en primera persona, tocado, o no te has relacionado con ellos… resultará muy difícil ser creativo.

¿Cómo lo soluciona la Escuela Creativa?

Creando experiencias. Salir de la escuela e indagar. Gianfranco llevaba a los alumnos a visitar a la gente que trabajaba en talleres. Pensaba que era muy importante porque muchos de sus estudiantes de 18 años no sabían qué hacer con su futuro profesional porque nunca habían visto a las personas trabajar. El trabajo físico se ha convertido en tabú porque se considera muy peligroso… Gianfranco creía que era importante que lo vivieran en primera persona para interiorizar la experiencia.

¿Cuáles son los valores que hay detrás de estos modelos educativos?

El valor que destacaría, el cual puede parecer banal, es la libertad. No hablamos de la libertad para que los niños hagan lo que quieran. Si no la libertad de ser libre, la libertad interior. Pero uno no puede ser libre si no sabe lo que quiere hacer, lo que le interesa, lo que ama… Por lo tanto, se requiere de tiempo para descubrirlo y la escuela debe proporcionarlo.

Finalmente, ¿cuáles son los derechos de los niños defendidos por Gianfranco?

Estableció 10 derechos de los niños: al ocio, a ensuciarse, a los olores, al diálogo, a usar las manos, a un buen comienzo, a la calle, a lo salvaje, al silencio y a los matices. Definió este decálogo fruto de la experiencia que vivió en Sudamérica donde los niños jugaban todo el día y no estaban encerrados en clase o en casa con un exhaustivo control de los adultos, como pasa en occidente. Deberíamos reflexionar más sobre ello…

Fuente: Tiching

2 comments

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  1. Me ha encantado la entrevista, es muy interesante. Estoy completamente de acuerdo en todo y ojalá este tipo de pedagogías comiencen a estar más presentes en el aula.
    Somos muchos los docentes que queremos salirnos del camino tradicional de la enseñanza. Sin embargo, nos encontramos con la dificultad de no saber cómo hacerlo porque no hemos podido experimentarlo como alumnos.
    Deseo que cada vez más profesores sean conscientes de la importancia de educar de una forma respetuosa.
    ¡Un saludo!

  2. Hola Leila. Estoy totalmente de acuerdo con lo que dices. Resulta difícil acompañar a los niños y hacer las cosas de una manera diferente a la que hemos vivido. Sin embargo, las ganas de querer hacerlo nos mueven a dar pequeños pasos y aprender cada día.

    ¡Muchas gracias por tu comentario! ¡Un abrazo!

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