A mis personas bajitas

El 19 de enero cerré mi etapa en la que ha sido mi primera experiencia como educadora infantil. Una experiencia inolvidable de la que he aprendido muchísimo y que me ha hecho crecer como persona y profesional. Pero estas palabras van dedicadas a esas personas bajitas que me han dado tanto sin pedir nada a cambio y que no han dejado de darme lecciones de vida en todo este tiempo.

Queridas personas bajitas:

Ha sido un placer compartir con vosotros este año y medio lleno de momentos mágicos. Estar con vosotros me ha hecho recordar que los adultos nunca deberíamos olvidar que un día también fuimos niños. En realidad, nunca deberíamos dejar de serlo. Porque si hay algo de lo que vosotros sabéis mucho es de ilusión. Eso que a nosotros parece que se nos ha perdido por el camino y nos hace olvidar el valor de las pequeñas cosas, esas que nos enseñan tanto (el que dijo que la ilusión mueve el mundo no podía tener más razón). Por eso, sólo tengo para vosotros palabras de agradecimiento.

Gracias por enseñarme a ver lo invisible, a imaginar lo inimaginable y a cuestionármelo todo. Gracias por no conformaros con menos ni dejar que yo lo haga, por no aceptar un no por respuesta tan fácilmente y por demostrarme que no hay nada imposible si creemos en ello. Y sobre todo, gracias por ese cariño infinito que me habéis dado cada día.

Os voy a echar mucho de menos.

Yue, Uxue, Malena, Eneko, Jara, Chloe, Nicole, Iskandar, Izan, Lucas, Zoe, Sofía, Indira, Naia y Hugo

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